Maullar
Cardiofonía
Escuchar
en los pájaros
la vejez del sol
A veces el vacío que separa a las palabras
es en distancia
el mismo
entre nuestro sol
y el que no conocemos.
Viajar a la velocidad del silencio
sobre los vapores de tu memoria
y respirar el aire anterior al recuerdo
para alcanzar a ser antes de ti
lo que fuí después de mi
Un bostezo de piel
dejó una cicatriz de tiempo en mi memoria
atravesada en el espacio en que ni es el mundo
ni soy yo
Alrededor de mis pulmones
la grieta sonora de un latido sin órgano
invadió mi cráneo de voces conspirando
contra sí mismas,
como mentiras capturadas
entre dos espejos
sin rostro.
Ojalá sea uno de esos días en los que quiere dejar de ser para ser. Es decir, lograr un merecido silencio de esos en los que se siente la respiración y de un momento a otro, el peso subjetivo del tiempo, desaparece.
En estas condiciones, es posible que el fin suceda más fácil.
Ahora, si ya está en este estado, o en el intento, o en la renuncia del mismo, busque una ocupación ajena a las usuales. Una de esas que no sirven para nada pero que dejan una satisfacción que nadie entiende pero que todos buscan en algún segundo de su vida.
Para mejores resultados trate de encontrar una ocupación que implique no solo muchos instrumentos sino muy pequeños, delgados, de fácil camuflaje con cualquier otra cosa y si se desea un resultado ideal, el instrumento con todas las características mencionadas y algunas otras, debe ser el más indispensable para la ocupación en la que se piensa ocupar.
Traiga todos los objetos que considere necesarios y ubíquelos en un lugar demasiado preparado y muy cómodo. Supongamos que ese lugar es una mesa y que usted está sentado en una silla. Relajase y deje llegar una sensación de tranquilidad, sienta cómo lo invade y aligera su peso corporal. Ordene los objetos con minuciosa impaciencia de iniciar y al acabar, arrastre la silla al interior de la mesa, si la silla tiene ruedas será increíble, sino, escuchará un prolongado y controlable ronquido que variará según el piso sobre el que esté.
Supongamos ahora que usted está enfrente de una hoja toda llena de un blanco de imaginaria seducción y que el objeto indispensable y con algunas de las características mencionadas como necesarias para un resultado ideal, es una recién comprada, limpia y agradable plumilla para dibujar. Aclaro de nuevo que pueden ser los objetos que usted y su gusto crea convenientes, lo importante para lograr hacer un enojo es seguir casi al pie de la letra las disposiciones corporales y mentales, que decoran todo tipo de ocupación con sus respectivos objetos involucrados.
Empiece a acercar el objeto indispensable, puede hacerlo despacio para crear tensión, eso depende del gusto y de las influencias cerebrales que algún lenguaje cinematográfico haya dejado en usted. Cuando este apunto de tocar lo que dará el tan esperado inicio a su ocupación, deje que un conjunto de imágenes mentales caigan en su consciente, como si fueran la pasmosa bendición digestiva de alguna paloma que se confabula con todas las fuerzas físicas necesarias para entregar un mensaje, que a la final viene siendo pura mierda.
Cuando vea en su interior las imágenes, haga un gesto muy suyo de haber recordado algo importante y ponga su cuerpo en una rápida y brusca, ojalá torpe, vertical.
Mantenga el objeto indispensable en la mano, no lo suelte y lo más importante, no se de cuenta que lo tiene ahí. Abandone el escenario dispuesto para su ocupación y salga al lugar cerebralmente ya visto a resolver de una vez, esa cosa importante que debía hacer y había olvidado. En esta parte es muy importante que recorra muchos sitios, que levante muchas cosas y que haga todo esto con el objeto indispensable en las manos. Habrá momentos en que alguna situación le reclamará la utilización de sus dos manos y esto, luego lo entenderá, será fundamental.
Haga lo posible por demorarse, no mucho, pero si lo suficiente. Cuando ya sienta que logró hacer y dejar listo y alejado de la noción de olvido lo que había olvidado dejar listo, vuelva a relajarse, camine despacio, mire la mesa y todo lo dispuesto para su pequeño respiro de libertad, corra la silla, deje caer su regreso del peso sobre ella, vuelva a penetrar el espacio vacío debajo de la mesa, mire su deseo encarnado en todos los objetos, sienta la caricia de una brisa que no ha entrado pero que su imaginación se encarga en contradecir, sienta y disfrute los susurros de su cuerpo. Ahora, vuelva al ritual de acercarse hacia el emocionante inicio de su ocupación y mire lentamente (esta disposición temporal será inevitable) mientras su frente se agrieta de venas antes no gruesas, que el objeto indispensable ya no está su mano.
No busqué nunca un espejo
en donde la soledad
tuviera rostro
No quise encarnar un reflejo
en otro cuerpo
y sentirme acompañado
por una sombra
con sombra
Yo solo necesitaba
lo indecible
la magia del encuentro
fortuito
la volumetría de un fantasma
intuido
y jamás reconocida
Acumular en un suave y complejo
silencio pulmonar
la creencia necesaria
para oponerse al peso propio del cuerpo
y jamás saber si en algún momento
el suelo te entregó al aire
como una burbuja
de fragilidad
a la razón
Solo abrir los ojos
y sentir
la sensación innombrable
de ser el humilde testigo espiritual
de los susurros orgánicos
que nunca serán palabra
sino simplemente
luz demasiado tenue
para el mundo
demasiado.
Volar
es saltar
una y otra vez
y otra más,
hasta que el primero
en aburrirse
sea el suelo
Parar
en frente del espejo
y mirar sin ninguna protección
la profunda y doble oscuridad
de los diminutos eclipses de sol
que mantienen en sombra
un secreto
De existencia.