La sociedad de ser uno mismo
__Frío, un paso al frente__ escuchó muy a lo lejos entre la inmensa multitud en la que se encontraba.
Sabía que no tenía más opción que obedecer, pues era llamado por esa extraña voz, la que todos esperaban, la que algunos temían y otros amaban, la que se producía en el anonimato. __diga lo que tiene que decir__ volvió a escuchar y sabía que era lo ultimo que escucharía, el llamado siempre era el mismo para todos.
Frío no habría su desértica boca, su cuerpo temblaba como si en vez de corazón tuviera una roca ardiente que le hervía la sangre y se la brotaba de frenéticas burbujas, el miedo lo dominaba, no sabía qué sucedería si habría la boca, solo sentía el vértigo de una mariposa que orbita torpemente una candente farola amarilla.
Suspiro tan profundamente que se sorprendió al notar la altura de la ola que había pasado por su pecho, levanto los ojos y los sumergió en el profundo cielo azul, parpadeo muy suavemente y en un instante, el miedo se convirtió en el deseo de que su lengua boxeara con su paladar.
__La variedad de los objetos, es el sonido de la lluvia__ dijo frío__ y de repente ya no se encontraba al frente de una multitud, ya no se encontraba bajo un profundo y limpio cielo azul. Ahora estaba solo, en una casa, con ropa diferente y bajo un techo que estallaba la composición de las gotas que caían del cielo, se sentía muy solo, aburrido, con un clima diferente en las pestañas, con abismos tan profundos en el estómago, que hacía dudar sobre la distancia que había entre su ombligo y su espalda.
__Sé que la vida es perfecta, pero yo no la vivo así, todos mis días son iguales, porque todos ellos encuentran en mi memoria un amplio basurero.
Sé que debería conmoverme por los hermosos y complejos movimientos de mis pulmones, pero no puedo, porque solo siento lo mas notorio, nunca he sentido el movimiento de una célula, todo lo que sé de lo que no puedo sentir me lo han susurrado las maquinas, tengo un cuerpo que no me pertenece, porque yo soy el que menos actúa favorablemente en él.
Despierto y abro los ojos y digo __ otro miserable día más__ ¿vale la pena el intenso e imparable trabajo de todo mi organismo para que yo articule esa frase que siempre me ordena el día y lo cubre con la pesada atmósfera de la tristeza?. No sé, solo sé que aquí continúo, parado en un universo demasiado preciso, que aún no entiendo como controla la locura de poder percibirlo.
Camino y siento el dolor de no poder liberar a mi corazón de su función de órgano, quisiera practicar el sincero ejercicio en los labios que acelera el ritmo cardiaco, pero no. Todo siempre se arruina, pocas cosas son tan efímeras como la felicidad.

