agosto, 22, 2009
1 Maullando

La serranía del Dios de la noche


Ayer deje la ciudad atrás en una o dos horas de carros, personas y edificios rasgados en veloces líneas de color pasando por cada uno de los cuadros vítreos del bus, como flechas impalpables lanzadas por unos ojos de 1823.
Ayer no solo deje la ciudad, también deje muchos otros infiernos al poder vivir durante algunas horas la temperatura y la fantasmagoría del lugar donde la sangre transparente, cae en anoréxicas cascadas desde montañas que pasan de la realidad al sueño con climática rapidez.
Ayer,  las nubes me traspasaban con sus cuerpos invisibles de cercanía. Respiraba la limpieza, la realidad sobrehumana de lo que está protegido de la enferma estupidez erguida. Me sentía bien, absoluto. Podía ver con claridad que la fuente de la conducta humana se desprende de dos tipos de paisaje; el conservado y el corroído. De la atmósfera surge la perfección o la perverción. El pensamiento es sucio cuando el aire es sucio.

El agua sonaba con un constante shhhh. El mensaje era claro y simple.

No era difícil concentrarse, disminuir la estampida de pensamientos mundanos, sucedía con una simple bocanada de aire. Los sapos se escuchaban por todos lados como si de alguna forma su fónica persistencia fuera otra forma de decir agua. El viento rosaba mis oídos con fuerza, creando la dócil sensación de estar sonoramente en un poderoso incendio.

Ayer,  pude sentir la milagrosa vida que diariamente apuñalamos con los hábitos de nuestra desnaturalizada comodidad incómoda.
Tsz, alguien acaba de destapar una coca-cola.

Uno maulla

  1. … Sentirse así es lo mejor.

Maullar:
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