1 Maullando
Hacia otro lado
Mis ojos se abren y la memoria comienza el día dentro de mi.
Me levanto consciente de que mi cuerpo y todo lo que lo rodea es reciente, original, inmediato. Lo sé, no lo discuto a pesar de sentir que todo es igual. Siento las mismas ganas de seguir durmiendo, me levanto. Siento la misma hambre, desayuno. Siento las mismas necesidades, voy al baño. Me lavo los dientes y me quedo mirando al actor que frente a mi protagoniza con increíble verosimilitud mi rutina. Dejo de mirarlo, escupo la mierda blanca que me deja un olor en la boca a corporación, luego vuelvo hacia el actor que me mira como yo lo hago. Nos miramos, me miro. Cierro los ojos, paso una toalla sobre mi rostro… Lentamente… Como si fuera mi ultimo contacto con el mundo.
Salgo del baño, el actor muere.
Continúo, empaco y cargo las cosas que casi siempre cargo. Salgo de la casa; veo a las mismas personas en situaciones diferentes y las mismas situaciones con diferentes personas, veo todo en el mismo sitio desde el mismo sitio en el que siempre veo todo en el mismo sitio. Renuncio, pienso, camino. – Hace buen día, sorprende que el planeta aún sonría en su agonía- Siento.
Continúo, giro en la esquina, continúo, giro en la esquina, continúo… Me detengo, en el lugar donde este día y a esta hora me detengo. Espero…
Llega, me subo. Miro a los demás mientras me sostengo de un tubo, busco un puesto al lado izquierdo con ventana, lo encuentro y me siento. Me acomodo y dejo caer mis ojos al paisaje abstraído por la velocidad, los dejo caer al impresionismo encarnado en el rectángulo transparente que refleja sutiles trazos de mi rostro.
Abro la ventana y el viento me golpea como una estampida de fantasmas, lo disfruto… Decido cerrar los ojos y me gusta. Al fin siento que efectivamente hoy, es otro Día.

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