Marzo, 12, 2008

GATOS

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Ágiles y sigilosos, se mueven sobre los fragmentos de mar petrificado con dirección triangular que protegen a los humanos de la tempestuosa sensación de ser invulnerables ante el infinito. Caminan y miran el profundo universo con la misma emoción con la que miran las coreografías que el viento hace con alguna débil hoja, y juegan, porque no hay una teoría del movimiento, solo hay una acción que activa el magnetismo de sus músculos y sus pupilas, para saltar y dejar que la fuerte atracción del movimiento mas complejo los haga volar, y de pronto sacar las uñas.

Maúllan, y el sonido se confunde con el del llanto de un bebe; cuando esto sucede los humanos abajo en sus camas se encogen y se duermen abrazándose las piernas y tocándose el pecho con las rodillas, los pocos que duermen derechos son los que no escuchan a ningún gato o los que no amaron un vientre.

Los movimientos de sus colas son las señales de sus emociones, sienten en su eléctrico pelaje el verdadero placer de la caricia y lo que es ser el territorio de diminuta vida que se alimenta del fluido que circula por sus cuerpos, diminuta vida que muere en algún baño químico o en el veloz movimiento de una pata trasera.

Dejan pelos en todas partes, para expandir sus pieles y ampliar la sensación de la caricia.

Duermen en posiciones misteriosas, ronronean y con sus bigotes parecen orgánicos instrumentos musicales que son tocados por una fuerza invisible, muy sutil.

Uno maulla

  1. :)

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