Veneno
Si existe una creatura
más cruel
que un Ser humano
me le quito el sombrero
a Dios
Si existe una creatura
más cruel
que un Ser humano
me le quito el sombrero
a Dios
Dos horas de químico y saliva tardo su lengua en llevarlo hasta el planeta franja.
En este planeta Silencio sintió la vida hasta el punto de que su sensibilidad quedara tan frágil como una telaraña atravesada en una puerta.
Las imágenes y los sonidos aumentaban la temperatura de sus sentidos, su consciencia se expandía como el mercurio.
Con sus pestañas rasgaba la luz mientras el movimiento inusual de sus ojos le hacía creer que podía tocarla, sentía en sus pupilas la excitación de un gato.
La concentración amplificaba el sonido de su respiración hasta convertirlo en tormenta, sus pulmones creaban tímidos sismos, el frío atrofiaba sus músculos.
En ese momento descubrió que su cuerpo movía ese planeta, encontró por un momento en el universo, la órbita de su cerebro.
Sintió en el dedo un corazón que dejo algunos de sus latidos dibujando mas caminos en el laberinto de su huella…
En sus tenis hay mas memoria de mundo que en su cabeza.
A veces siente que el pasto esta cansado de sostener su peso, que las imágenes se aburren en sus ojos y que preferiría usar mas la saliva que las palabras…
Un día se subió en un árbol a sentir como la gravedad hundía los palos en su piel, a ver como las hojas cortaban el cielo y la luna, a cambiar el destino de algunos bichos, porque su comodidad era una catástrofe debajo de él. Se movía y se creía viento por el sonido de las ramas, las hojas en el suelo narraban sus pasos mientras con su corpórea seguridad se burlaba de la gravedad, que solo esperaba un resbalón para saciar su sed de vampiro.
Su debilitada capa animal permitía el paso del profundo frío añejado en las cortezas con grietas de cerebro, mientras con la cabeza descolgada miraba las cicatrices que las raíces marcaban en el concreto. Sentía inconfundibles ganas de volar, deseaba que el árbol lo disparará como a un pájaro para vivir en el viento y componer música que solo sabe bailar el sol. Silencio en ese momento solo hubiera querido estar en el cielo viendo los complejos de personalidad de las nubes…
Espero por un momento, aunque sabía que no sucedería, espero… hasta que su estilo de vida lo obligo retornar al suelo, que aún seguía poseído por ese Jesús con mas cara de modelo que de profeta.
Sobre la cabeza de Silencio mas edificios que estrellas y su piel en vacíos de ropa sintiendo el frío artificial del pavimento, la rutina de los carros escupiendo viento y sudor de asfalto, y los postes satisfechos con el asesinato de una noche más.
El universo marcado con nombres y direcciones, ridículamente maquillado de colores insensibles, vendido por papeles con imágenes muertas y números adornados con un collar de ceros.
Cientos de cerebros compitiendo con el acero para haber quien se oxida primero.
Cuerpos vendidos a la voluptuosidad, a la piel embutida de lo que creen que es belleza.
Silencio caminaba, Silencio dejaba que sus oídos movieran su cuerpo, Silencio amaba entre el ruido y el miedo, Silencio sentía que su alma caía en el precipicio de lo que aun no ha sentido totalmente, Silencio hacia de su cerebro polvo que luego estornudaba.
Observaba y temía por la extinción del alma, notaba los cambios; los lunares ya no son salpicaduras de noche sino besos insípidos de algún lápiz, los besos ya no son de carne sino de alcohol, las palabras ya no son placer sino publicidad, la piel ya no excita a todo un cuerpo sino solo algunas de sus partes, el corazón ahora es un esclavo más del organismo… Pensaba Silencio, mientras algunos seres se lo demostraban.
El magnetismo ultravioleta de la música con plumas empujaba la noche mientras la luz solar soplaba las farolas como velas, el día ordenaba de nuevo las sombras de cada objeto, en ese momento Silencio estaba tranquilo al sentirse lejos de la cruel digestión de la ciudad.
Silencio se levanto y tuvo una sospecha, se alejo para experimentar si era cierta y efectivamente lo era;
nada de lo vivido pudo ser infierno, porque todo lo que ella caminaba se volvía cielo.