Pulso, un paso al frente__ sabía que ese sonido había pasado por los millones de oídos que se encontraban a su alrededor, pero que en ninguno de ellos había sido tan contundente como en ese momento era en los de él, escuchar esa voz significaba levantar un pie y arrinconar todo el peso del planeta proyectado en su cuerpo sobre el otro, luego, tratar de mantener el equilibrio, mientras su decisión se convertía en miles de ordenes que obedecía todo su organismo para desplazar por el aire el pie levantado, que mas adelante caería pesadamente a su inevitable rutina gravitacional. Caería y repartiría de nuevo todo su peso para poder arrastrar un metro de mundo bajo su cuerpo, un mundo que cambiaría drásticamente, cuando la sensación de no pertenecer a la multitud en la que se encontraba lo llevara a descubrir su individualidad, su existencia propia y especial, que le haría sentir por primera vez la soledad y el exceso de saliva cuando el silencio palpita en el cerebro y derrama todo el universo sobre la lengua.
__Diga lo que tiene que decir__ escuchó cuando termino de dar el paso hacia adelante.
No se asusto por el largo tiempo que llevaba en silencio, ni por lo ambigua que le parecía la segunda orden, ni por no tener nada que decir… No temía, solo se sentía tranquilo y liviano, ya que al fin podía respirar todo el aire que quería, ahora podía percibir una gran porción de mundo y no los retazos que antes veía entre los espacios que se creaban cuando todos los cuerpos cambiaban de posición, todo era diferente porque se sentía libre, con vida.
El paisaje era hermoso; un cielo blanco y voluptuoso, con agujeros azules y árboles que se movían como gatos acariciados… Pulso solo dejaba que sus sentidos se movieran como una hoja que el viento atrapa y acaricia sobre la piel del mundo, no buscaba ni esperaba nada, solo se dejaba mover como si flotara en el ombligo del océano.
El tiempo transcurría, pero él no lo sentía como una presión, sino como una sutil renovación que dilataba la belleza de cada árbol, de cada roca, de cada pájaro… No quería presionar nada para llegar a un pensamiento, ni esforzarse en decir algo, él solo quería disfrutar del placer de percibir en total amplitud.
Sin embargo, la voz no se había pronunciado porque si, todo lo que sucedía era preciso, su libertad, su placer, su voluntad, su belleza… Todo ello constituía su destino, cada movimiento lo conducía a lo que tenía que decir, porque cada decisión se acomodaba a la lógica de su existencia.
Tuvo un repentino suspiro que llamo la atención de sus ojos, los cuales se inclinaron y se quedaron observando por un largo momento el movimiento de la respiración que SUBÍA y bajaba, SUBÍA y bajaba, SUBÍA y bajaba… Luego escucho el sonido que se producía cuando el aire penetraba su delgada nariz y lo unió con el movimiento de su pecho, logrando de esta forma sentirse muy profundo y azul, muy inmenso y salado. La sensación era cada vez mas grande ya que sus sentidos se encontraban totalmente concentrados en ese movimiento, ya no sentía pecho ni pulmones, ahora sentía otra cosa, algo que lo absorbía y transformaba, que lo conducía a lo que tenía que decir.
__En luna llena, los suspiros son muy grandes__ dijo pulso__ y cuando su lengua se detuvo, el mundo cambió de lugar cada una de sus partes, todo se había movido como el mugre de una sábana sacudida, su cuerpo ya no se encontraba dentro del mismo paisaje.
__Tengo el cabello aplastado sobre este inmenso cilindro de mar café petrificado, en donde los pájaros recargan sus cuerdas vocales para narrar la caída de los colores. La estrella baja y en las montañas la sensualidad aumenta por el fuerte contraste, las nubes se mueven en constante deformidad y untan sus puntas con los accidentes de color que el circulo con ilusión de diámetro lunar deja en su huida. Las sombras empiezan a liberarse del limitando contorno de los objetos cuando se unen entre ellas como nubes oscuras de un cielo verde, la luz disminuye y las sombras parecen gotas de mercurio derramado.
Algunas flores relucen con tanta fuerza que parece como si su color revotara y se relejara en el cielo, que en este momento se ve como un jardín licuado.
Mis párpados no se atreven a interponerse entre mis ojos y el cielo, no entiendo como cabe tanto color en los delgados tubos de mis retinas, nunca antes había visto un cielo tan estallado por la caída de una estrella que a una mano de distancia de la montaña, convierte esta hora en un tributo a la voluptuosidad, a la fuerza de las cosas cuando pareciera que brillaran por si solas.
Todos los colores siguen esta hermosa huida celestial que en algunos minutos abrirá el impactante abismo en donde las cortinas de la consciencia se rompen y el sentido de la visión adquiere mayor uso y privilegio, poco tiempo me separa de los puntos luminosos que explotaron esto que ahora soy, este cuerpo que el cerebro expande y deforma como una nube, este organismo que acá sentado encuentra la nitidez cuando no se adhiere a nada, este ser descubriendo que no es una persona sino un momento, porque, ¿para qué preguntar quien soy, si yo soy lo que es cada instante?.
El azul se oscurece con cada punto que aparece, el tiempo ahonda cada vez mas el cielo de imágenes atemporales, de estrellas que son una ilusión, que vemos ahí, pero que en su presente tal vez ya no lo están, porque todo lo que vemos a distancia es ya un pasado que está ante nosotros como si fuera un presente.
Siento que se acerca el motivo que me arranco de la correcta visión de mi cuerpo, lo siento y ahora lo veo en una esfera que emerge de las montañas narrando lo que la estrella hace a mis espaldas. Emerge con una luz prestada y flota en el comienzo del cielo con la pesada ayuda de la tierra, flota y me ilumina y convierte los suspiros en el tamaño normal de mi cotidiana respiración. Ahora mi pecho crece con la misma porción de aire que antes solo lo levantaba un poco, crece y alcanza a quedar en paralelo con mi mentón, crece y en la boca un sabor a arena se manifiesta cuando arrojo aire por mi nariz.

quiero leerlo tan rapido como sucede.
es muy grande para mi